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sábado, 2 de marzo de 2013

Carta abierta a los/las compañeros/as de Izquierda Socialista


Mario Salvatierra Saru   1 de marzo de 2013

Compañeros y compañeras:

Son muchos los temas que en estos momentos están provocando una profunda alarma social y que nosotros, como miembros de la Corriente de Opinión Izquierda Socialista, inexorablemente tenemos que abordar. Tal vez nunca antes como ahora se están cuestionando tantas cosas a la vez y con una virulencia inusitada. Señalaré algunas de ellas y no por orden de importancia porque todas concurren conjuntamente y, aunque a primera vista no lo parezca, están interconectadas.

Europa ya no se vislumbra como una fuente de esperanza. En lo político, Europa carece de liderazgo como Unión de Estados dado que Alemania, único país europeo que funciona conforme a los intereses egoístas del Estado-Nación, en virtud de una estrategia maquiavélica de Ángela Merkel, juega a la ambigüedad calculada con gran rentabilidad para el poder económico germano y de nefastas consecuencias para la integración europea. En lo económico, la prevalencia del modelo neoliberal, austeridad más tijeretazo en el gasto social, está destrozando las coordenadas elementales para generar crecimiento y, en consecuencia, empleo. La mayoría de la población de la Europa del Sur percibe que estabilidad de la tecno-burocracia de la Comisión Europea y el bienestar de los mercados financieros, es decir, la tranquilidad de las élites políticas y económicas, acarrea la ruptura del modelo social europeo y el malestar de una ciudadanía desamparada.

Recientemente hubo elecciones en Italia y quien estuvo gobernando el país hasta hace unos días, Mario Monti, ha obtenido un pésimo resultado y, sin embargo, Europa del Norte le indica a los italianos que tienen que perseverar en las mismas políticas económicas de recorte. ¿Para qué hubo elecciones si en lo fundamental tienen que hacer lo mismo? ¿Para qué sirve la democracia? Hubo un tiempo en que hablábamos de las “promesas incumplidas” de la democracia, pero había promesas. Ahora estamos ante un nuevo dictado: “democracia sin promesas”.

En consecuencia, desde el mismo nódulo de Europa se está cuestionando los fundamentos de la democracia. Las bases de la democracia liberal se tambalean y esto no ocurre únicamente porque determinado país tenga un sistema electoral fallido o un sistema de partidos perverso, sino que se deriva de la hoja de ruta que se está diseñando en la Unión Europea: “elecciones sin políticas”. Quien gane – sea conservador, liberal, populista o socialdemócrata- tendrá que hacer lo mismo. Conclusión: Política es Destino.

Por si fuera poco, dentro de nuestras fronteras las cosas se agravan. La actual estructura territorial del Estado, que en su origen nació cuestionada, ya no da más de sí. De un lado, es una anomalía que en pleno siglo XXI subsistan “derechos históricos de los territorios forales” (Disposición Adicional Primera de la Constitución) de carácter predemocrático que, en lo que respecta al ordenamiento financiero, genera de hecho un sistema “confederal” suscitando, de ese modo, un sentimiento de agravio comparativo entre las distintas naciones y regiones de España. Puestos los privilegios en unos, es inevitable la pregunta de por qué nosotros no. Si de verdad ahora queremos hacer las cosas bien, esto es, modificar la Constitución en una situación de igualdad entre todos los participantes, entonces tendremos que reconocer que la Constitución de 1978 nació marcada por dos grandes sombras: el peso del régimen franquista en las Fuerzas Armadas del Estado y en gran parte del establishment económico y, de otra parte, las dentelladas de ETA contra la estabilidad nacional. Sin estos condicionantes internos no se puede entender la Constitución de 1978. Ello no quiere decir que desde el exterior no hubiera ninguna clase de condicionantes y que los intereses geopolíticos, por ejemplo, de Estados Unidos de América fuesen totalmente ajenos de lo que se estaba haciendo en España. De otro lado, si bien es verdad que el régimen autonómico implicó una descentralización administrativa del Estado, no es menos cierto que, en relación a los distintos niveles de autogobierno político y en lo relativo al reconocimiento de los hechos diferenciales culturales de las nacionalidades, ha encallado su camino hacia una construcción federal del Estado. Prueba de este truncado recorrido es el actual funcionamiento del Senado. Del agotamiento del modelo autonómico se sale con el federalismo. Es una quimera pensar que la crisis territorial se resuelve volviendo al centralismo o bien a un jacobinismo “a la española”, es decir, amputándole el recorrido histórico que ha tenido en Francia.

La unidad de España no se fortalece rechazando la heterogeneidad y diversidad de su contextura poblacional. Unidad no significa uniformidad ni tampoco igualdad significa identidad. Igualdad y diferencia: esta es la base para construir un proyecto común en el que no sólo podremos “conllevarnos” sino también “convivamos”. O reconocemos que España es una nación de naciones o terminaremos desgarrados por la fuerza centrípeta del nacionalismo españolista y la pulsión centrífuga del nacionalismo periférico. Ambos comparten la misma pretensión: a cada nación un Estado y a cada Estado una única nación. El nacionalismo se cimenta en la exclusión del otro y se alimenta con la exclusión de lo otro. Su cimiento y alimento es la exclusión.

El único remedio eficaz contra el nacionalismo es la integración y la inclusión. Es viable la España nación de naciones desde un sentimiento compartido de proyecto común y desde el máximo respeto al derecho a la diferencia que no diferencia de derechos. De lo contrario, más bien temprano que tarde, iremos al choque entre ambos nacionalismos. Y nosotros, socialistas, que somos absolutamente conscientes de que la historia de España no es unidimensional y que cargamos con gran parte del pozo de la memoria de los republicanos vencidos en la guerra civil, sabemos que en este tema no podemos quedar en tierra de nadie, atrapados entre banderas que no son las nuestras, y arrugados por la propia complejidad del desafío. Defender a España como nación no es ser españolista y tampoco defender a Cataluña como nación es ser nacionalista.

Por todo ello consideramos que es un error pensar que quienes defienden, desde una posición de izquierdas, el derecho a que en Cataluña haya una consulta sean sin más nacionalistas. ¿Es o no España un Estado plurinacional? Que el País Vasco y Cataluña son naciones –lo reconozca o no la Constitución- es un hecho. Obcecarse en negar el hecho a lo único que conduce es a radicalizar los extremos y a profundizar aún más en la división. Es lo que ha ocurrido en Cataluña con el tratamiento que ha dado el Tribunal Constitucional al Estatut. Guste o no, España es un Estado plurinacional y si la salida inteligente a este conflicto pasa por el federalismo, entonces hay que abordarlo desde un modelo de federalismo plurinacional y no desde el modelo decimonónico del federalismo nacional. Únicamente respetando a los distintos demos que configuran a España podremos librarnos del atolladero nacionalista. Los catalanes tienen derecho a decidir si quieren o no formar parte de España. Negarles ese derecho, en pleno siglo XXI, acentuará todavía más el sentimiento de independencia. Política es asumir riesgos y aceptar los desafíos. A nuestro juicio, lo mejor para Cataluña es que siga siendo parte de España y no que forme un todo aparte. Lo que ocurre es que, si no queremos que haya divorcio, entre las partes y el todo tiene que haber una nueva relación, esto es, un nuevo contrato. Y ese nuevo contrato pasa por asumir la cultura federal entre demos que tienen una profunda raigambre nacional. Sólo así, desde el reconocimiento y el respeto a las diversas realidades nacionales, saldremos de esta encrucijada.

Sin embargo, la profunda crisis que está afectando a nuestro incipiente Estado de bienestar hace que, por una parte, se recrudezcan los prejuicios nacionales de unos contra otros, de tal suerte que el malestar de unos se aprecie como producto del bienestar de otros o viceversa y, por otra parte, quebranta la fraternidad entre los ciudadanos porque aventa el credo de que la única posibilidad de salir adelante es sometiéndose a la lucha de todos contra todos: el excluido contra el parado que cobra prestación, éste contra quien tiene un empleo en precario, éste contra el trabajador fijo con derechos, éste contra los funcionarios y así sucesivamente. Los de abajo no se salvan de la quema: tener trabajo con derechos es un privilegio. A pie de tierra se impone el modelo chino o, en el mejor de los casos, el modelo brasilero. Pero, ¿qué ocurre con los de arriba?

El paradigma lo constituye la reciente visita a nuestro país de Mario Draghi. Mientras que miles de personas se manifiestan por los desahucios, miles claman contra el timo de las acciones preferentes y otras miles denuncian los recortes en sanidad, educación y políticas de igualdad, el presidente del Banco Central Europeo, artífice de la política del austericidio, es blindado en el Parlamento de tal manera que su intervención se realiza a puerta cerrada, cual si fuera un Rey celestial que no puede oír los gritos de la masa indignada. Esto es, los de arriba, quienes han provocado la crisis, se van de rositas. En definitiva, quieren hacernos creer que la crisis, el vaciamiento de las arcas del Estado, es producto de haber vivido por encima de nuestras posibilidades y de unos políticos que, inspirados en el cortoplacismo electoral, auspiciaron un consumismo irrefrenable con tal de mantenerse en la poltrona.

En gran medida, han conseguido librarse de toda responsabilidad cargando el peso de la culpa exclusivamente en los políticos. Degradando a los políticos consiguen, a su vez, destrozar la política, es decir, el control democrático de la economía. El objetivo es bien claro: liberar a la economía de la política. Es el viejo anhelo del neoliberalismo: hacer que la economía escape de cualquier control político. Ocurre, no obstante, que mucha gente ya cree en este infundio. De ser una idea ha pasado a ser una creencia: ha calado el tópico de que todos los políticos son iguales y que lo mejor que puede ocurrir es que se vayan todos. Probablemente no todos se irán y los que se queden sean los peores: los populistas. Nacionalismo y populismo son las respuestas inmediatas a los actuales desafíos de la globalización económico-financiera. Y ambos tienen un poderoso atractivo: la fuerza de la emoción irracional.

Asimismo, muchas personas parecen haber llegado a la siguiente conclusión: PSOE-PP, la misma mierda es. No habría, por tanto, diferencia entre la derecha y la izquierda o, mejor dicho, el PSOE es de derechas. De tanto pactar con el capitalismo la socialdemocracia habría llegado al final de su ciclo político. Son muchos quienes, desde una posición de izquierda radical, piensan que ha llegado la hora de enterrar a la socialdemocracia e iniciar la andadura de la nueva izquierda. No cabe duda de que la socialdemocracia española y, sobre todo, la europea tienen que repensarse e incluso tal vez refundarse, pero de ahí a afirmar que están muertas hay un largo trecho.

Nuestro dilema no es o el PASOK o Syriza, ni tampoco o el PSOE o la calle. Estos son falsos dilemas. No tiene sentido político la protesta sin propuesta. ¿Propone la izquierda radical acabar con el capitalismo? ¿Propone la izquierda radical que Cataluña sea un Estado independiente? ¿O más bien tenemos que pensar que, en lo relativo a la economía, la izquierda radical se mueve en los parámetros de la socialdemocracia clásica? Aquella socialdemocracia que ellos, en la primera mitad del siglo pasado, criticaban por no haber dado el salto hacia el comunismo traicionando así a la clase obrera. Es decir, para la izquierda radical lo que antes era malo ahora es lo mejor. Y, en lo que respecta a la cuestión de las identidades, la izquierda radical apoya el derecho a decidir del pueblo de Cataluña, pero ¿decidir qué?, ¿una Cataluña independiente fuera de España pero no de Europa? ¿Qué es lo que van a decir? Aún no lo sabemos. A diferencia de otros países europeos, España padece, además de los conflictos de clases, un combate de identidades. Y esto no se resuelve pensando que si superamos el conflicto de clases, disolvemos los antagonismos de las identidades. Para bien o para mal, la realidad española es mucho más compleja.

Por otra parte, no hay duda de que las diferentes mareas (verdes, blancas, negras, etc.) que se manifiestan en la calle están cargadas de razón. El Partido Popular ha adoptado una estrategia virulenta: el que resiste gana. Primero denigra a los propios actores de las mareas y luego a sus representantes sindicales. El mensaje es nítido: el PP no negocia. Hubo una manifestación masiva de mineros, otra de docentes, otra de personal sanitario y muchas más. Hasta ahora ninguna de ellas ha logrado doblarle el pulso al gobierno de Mariano Rajoy y, en consecuencia, se ha instalado la percepción general de que los sindicatos ya son incapaces de cumplir su función mediadora. A ello tenemos que sumarle la brutal campaña de los medios de comunicación contra los sindicatos. Se trata de deslegitimar a la única fuerza creíble que le queda a la clase trabajadora. La campaña de desprestigio llega al extremo de llamar a los liberados sindicales “los aristócratas” de la clase obrera. Para la élite económica tener un trabajo decente, con derechos, es moralmente indecente.

Decíamos que la protesta sin propuesta no es política. Y esto es lo que ha ocurrido con el movimiento Wall Street: después de intensas jornadas de protestas ha quedado en nada. Y todo porque su fin se consumía en la mera representación callejera: se disolvió porque agotaron la protesta en la representación. La representación por la representación en sí misma no conduce a nada. O peor incluso, desemboca en la antipolítica. Es decir, se pasa del sentimiento de indignación al del fracaso y de ahí a la frustración y, por último, a la resignación. Nosotros, los socialistas, no podemos permitirnos semejante desenlace. Es imprescindible, entonces, hacer propuestas y hacernos cargo de que la vamos a cumplir. Ya no cabe un Parlamento a medias, que en raras ocasiones delibera de verdad, y jamás libera a la población de la opresión y de la dominación. Queremos que el Parlamento delibere y libere a los ciudadanos. Un Parlamento enjaulado representa la jaula del oprobio: incapaz de liberarse del corsé económico que impone el capitalismo financiero.

El tema que tenemos que dilucidar, compañeras y compañeros, es quién o quiénes canalizan el profundo malestar de la ciudadanía. Parece evidente que el PSOE por si solo ni puede ni podrá encausar todas estas marejadas de protestas. Es más, el peligro que corre el PSOE es que pase a ser un partido irrelevante. A mi juicio, tres son las posibilidades que tenemos por delante: o el PSOE permanece atenazado por la responsabilidad de supeditarse a los dictados de los eurócratas sin dar un giro que rectifique el sendero emprendido, lo cual le llevará a terminar como el PASOK, o cambia de marcha o bien para promover una corrección al actual modelo del euro, o bien para romper con la moneda común. La solución no pasa por asumir el enorme sacrificio social que nos demanda la eurozona ni tampoco, por ahora, por romper con el euro. Necesitamos, en mi opinión, profundizar en el cambio de escenario: tratar de conseguir, junto a otras fuerzas políticas de izquierdas, con los sindicatos de clases, las distintas plataformas ciudadanas, la Confederación Europea de Sindicatos, etc., volver a recuperar el modelo social europeo. Esta es nuestra carta y también la manera de abordar el debate de manera madura y constructiva. Que esta es una tarea difícil, seguro; pero más vale tener un horizonte adelante que quedarnos en el vacío del nihilismo postmoderno.

No obstante, nada de lo dicho hasta aquí se podrá hacer si no se produce una profunda renovación en el seno del PSOE. Tal vez no sea suficiente cambiar de liderazgo y, con él, de proyecto para recobrar la credibilidad perdida. Pero, sin duda alguna, esta es una condición necesaria para afrontar los retos que tenemos por delante.

P.D. Como esta es una “carta abierta” que invita a la reflexión y al debate, me gustaría que cualquier comentario a ella me lo dirijáis a mi correo electrónico:  msalvatierra@asambleamadrid.es



miércoles, 23 de enero de 2013

Intervención de Tomás Gómez en el Comité Regional 20-01-2013


Compañeros y compañeras,
La mayoría de los españoles del 2013 hemos vivido la mayor parte de nuestra vida adulta en democracia.
La mayoría no tuvimos que luchar porque hubiera elecciones libres, porque cuando tuvimos edad de votar, ya las había.
La mayoría no tuvimos que luchar por la libertad de prensa, porque cuando tuvimos edad  para interesarnos por los asuntos públicos, pudimos comprar periódicos en los que se denunciaban los errores de los gobernantes, periódicos capaces de hacer caer gobiernos.
No tuvimos que luchar por el derecho de reunión y de manifestación, porque cuando tuvimos edad para salir a la calle a protestar contra leyes educativas o leyes laborales, lo pudimos hacer sin mayores dificultades.
Nos pudimos reunir, nos pudimos asociar y nos pudimos afiliar a partidos y sindicatos.
A la mayoría de los españoles todos esos derechos nos resultan tan normales como la electricidad o el agua corriente en nuestras casas.
Nosotros, los socialistas, sabemos bien que todos esos derechos costaron vidas, cárceles, sacrificios; sin embargo ahora, hasta nosotros, tan conscientes de lo difícil que fue conquistarla, damos por supuesto que la democracia y la política están a salvo para siempre en nuestras sociedades. Yo también así lo creo, y sin embargo no dejo de estar preocupado, como lo estáis muchos de vosotros.
La democracia sigue teniendo enemigos. El poder del pueblo sigue siendo contestado por otros poderes también presentes en el terreno de juego de las llamadas democracias avanzadas.
Esos enemigos de la democracia no han dejado de existir nunca, no han dejado de cultivar sus ideas, de hacerlas más sutiles, más eficaces, más fuertes. Incluso en los años de  prosperidad, de conquistas sociales y económicas, de extensión de la protección social y de las libertades individuales, los poderes que compiten con el poder del pueblo no dejaron de fortalecerse en su organización y en su ideología.
El poder del dinero extendió la ideología del mercado, y con la ideología del mercado los ricos legitimaron su riqueza y su influencia social.
También la tecnocracia se hizo más poderosa, y los expertos fueron ocupando parcelas de poder, por ejemplo en el mundo de la economía, hasta llegar a tener un poder mucho más grande que su supuesto conocimiento.
La jerarquía eclesiástica también se benefició de la prosperidad, pero no dejó de combatir el derecho de los poderes democráticos a establecer un Estado laico y una educación laica.
Incluso las élites propietarias y dirigentes de ciertos medios de comunicación se sintieron legitimadas para poner o quitar líderes democráticos a su interés o a su gusto, o para determinar la agenda de los gobiernos democráticos.
Ahora, cuando la crisis económica debilita las defensas de la democracia, todos esos poderes la combaten con más fuerza que nunca, y también con más eficacia que nunca. Si alguien imaginaba que serían los tanques o los fusiles los que cerrarían los parlamentos, se equivocaba. Hoy mayorías absolutas salidas de las urnas, debilitan y anulan la representación parlamentaria, y lo hacen con el aplauso de mucha gente. Eso es lo que ha hecho Cospedal. Y eso es lo que el PP quiere hacer con los concejales de toda España.
Toda la izquierda se escandaliza de que los enemigos del Estado del Bienestar quieran aprovechar la crisis para desmantelarlo y venderlo.
Toda la izquierda ve con claridad que detrás de denuncias sobre el gasto sanitario se esconde la voluntad de convertir la sanidad en un negocio y la salud de las personas en una mercancía.
Toda la izquierda ve con claridad que detrás de las críticas a la ineficiencia del sistema educativo, se esconde la voluntad de privatizar el conocimiento, la voluntad de extender determinados valores contrarios a la libertad de las conciencias, a la dignidad del diferente, a la riqueza y la pluralidad de la vida.
Toda la izquierda ve con claridad que detrás de las denuncias de la insostenibilidad del sistema de pensiones, está el interés particular de los seguros privados y de los grandes capitales financieros que vuelan por el ciberespacio y que, como plagas de langostas, se posan sobre la riqueza acumulada por generaciones de ciudadanos a lo largo de sus vidas.
Toda la izquierda sabe todo esto, y toda la izquierda distingue entre acabar con el abuso de una persona que cobra una pensión indebidamente y acabar con el sistema de pensiones.
Toda la izquierda distingue entre acabar con el abuso de una persona que falsea su declaración de la renta para obtener una beca de estudios, y una política destinada a acabar con las becas.
Toda la izquierda distingue perfectamente entre mejorar la eficiencia del sistema sanitario y privatizarlo. Es más, toda la izquierda ya sabe contestar que el sistema sanitario norteamericano es más caro y menos eficiente que el nuestro. Que cuando se tiene un sistema sanitario como el español, es mejor tratarlo con vitaminas que con bisturí.
Todavía hay quien piensa que la derecha está desnortada y que va improvisando sobre la marcha; otros, por el contrario, que la derecha hace lo que puede, que hace lo que tendría que hacer cualquiera, que no hay margen.
Esa es una de las grandes mentiras que hay que desmontar y que tenemos la obligación de desmontar: La derecha no hace lo que puede, hace lo que siempre quiso hacer.
Si desmantelan el sistema de sanidad pública, no lo hacen por la crisis, sino porque nunca les gustó, porque desde el mismo día en que fue presentado por nuestro compañero Ernest Lluch en el Parlamento, ellos ya votaron en contra.
El ataque a la educación pública que hoy llevan a cabo, nada tiene que ver con la crisis. La reforma educativa que han aprobado es la misma que intentaron aprobar hace años con Aznar en el Gobierno cuando no había crisis.
La ley de la dependencia que han derogado de manera encubierta, es la misma que boicotearon las comunidades gobernadas por el PP, como Madrid, desde el mismo momento de su aprobación.
A diferencia de lo que ocurría hace algo más de un año; hoy, buena parte de los sufrimientos de los españoles no tienen su origen en la crisis, sino en las mayorías absolutas del PP, en la concentración del poder económico y el poder político en manos de la derecha.
La Contrarreforma Laboral se ha hecho recogiendo las peticiones que desde la gran patronal se llevan haciendo desde hace décadas, el retroceso en los derechos de las mujeres, la reforma de la Justicia, el refuerzo de la religión en los colegios,… no son políticas contra la crisis o consecuencia de la crisis, son consecuencia de la voluntad política de la derecha, una voluntad que es coherente con su ideología y sus intereses.
La estrategia de la derecha de usar la coartada de la crisis para desmantelar y vender, es decir, venderse a sí misma, el Estado del Bienestar, es la misma  estrategia que están usando para desmantelar la democracia, para privatizar el poder político.
Y de igual modo que toda la izquierda ya tiene claro que detrás de la denuncia de las ineficiencias del Estado del Bienestar no hay siempre una voluntad de mejorar la sanidad o la educación. Toda la izquierda, y todos los demócratas, deben tener exactamente igual de claro que detrás de la denuncia de los fallos de la democracia no anida siempre un deseo de mejorar la democracia.
La crisis no puede utilizarse como coartada para acabar con miles de concejales que sirven a sus comunidades locales sin más compensación que el orgullo de servirlas.
Los que han visto en la crisis una oportunidad de debilitar la representación popular son todavía peores que los que han visto la oportunidad de acabar con el Estado del Bienestar. Porque sin democracia no hay Estado del Bienestar.
Sin democracia no hay sanidad pública de calidad, ni educación de calidad, ni pensiones dignas; sin democracia no hay dignidad; pero además, sin democracia, no hay fiscalía anticorrupción, capaz de denunciar a los miembros del partido que está en el gobierno, ni medios de comunicación capaces de hacerse eco de esa denuncia, ni parlamentos capaces de controlar al poder democrático.
La acusación genérica de corrupción a todos los representantes democráticos sin distinción es, en sí misma, una acusación corrupta; es un acto de corrupción, un acto de complicidad con la peor corrupción de todas. Confundir a Bárcenas con el último concejal del último pueblo de nuestro país, es otra forma de corrupción. Y esto es bueno que lo sepa toda la izquierda, es bueno que lo sepan todos los demócratas.
Cuando se cuestiona la honestidad y la competencia de todos los representantes municipales, de todos sin distinción, y se propone sustituir el poder democrático de ciudadanos que representan democráticamente a otros ciudadanos por el poder tecnocrático de un experto, de un funcionario, se está debilitando el poder de los ciudadanos, el poder de la democracia. Se hace en nombre de la ética, de la razón, del interés general, siempre ha sido así, siempre es así, y siempre significa lo mismo, significa la instauración de un sistema más corrupto, más ineficiente, más injusto.
Puede ser que la democracia tenga mala salud, pero es mejor tener mala salud que no tener ninguna. La democracia no se mejora debilitando los parlamentos mediante la instauración de representantes a tiempo parcial como ha hecho Cospedal en Castilla la Mancha; la democracia no se fortalece sustituyendo a los representantes por asesores del ejecutivo como quiere hacer el PP de Madrid.
Durante mucho tiempo, si uno se oponía al discurso de la ineficiencia del sistema sanitario era acusado de inmovilista. Hoy somos muchos los que no nos dejamos engañar, sabemos que detrás de la denuncia de los defectos del sistema sanitario público no está la voluntad de mejorarlo, sino de quedárselo, incluso con más defectos, en manos privadas. Pues bien, debemos empezar a darnos cuenta que detrás del discurso de los defectos de la democracia, está la voluntad de privatizar el poder social. Todo el poder social.
Sé que es más fácil ser demócrata cuando la economía crece y el empleo es abundante, pero si alguien soñó encontrar una oportunidad de defender heroicamente la democracia no la va a encontrar mejor que ahora; es ahora, con la economía en recesión, con seis millones de parados, cuando uno tiene que demostrar si cree en la democracia, si cree en los procedimientos, si cree en la representación. Los socialistas siempre hemos presumido de nuestra identidad democrática, es hora de demostrar que nosotros aprendimos bien la lección de los años treinta del siglo pasado.
En aquellos años, también años de una crisis pavorosa, hubo quienes, en la izquierda y en la derecha, desistieron de la democracia. Entonces también hubo quien pensó que el camino del parlamento es un camino demasiado lento cuando hay personas que sufren, que no tienen trabajo, que no tienen vivienda, que no tienen futuro. Entonces hubo quien pensó que la política se hace con discursos y con palabras, y que las palabras son un material demasiado endeble para cambiar el mundo. Gente que pensó que la política es ineficiente, demasiado cara, que es corrupta, y que había que intentar otros caminos.
Nosotros, los socialistas defendemos la democracia representativa, deliberativa y participativa, también ahora, en estos días fríos y sucios, en los que conocemos que quienes propugnan las malas políticas hacen también política mala. Hoy sabemos que los que usan la corrupción contra la democracia, son doblemente corruptos. Ahora es el momento de defender la democracia, los parlamentos, los ayuntamientos. Por cada Bárcenas hay mil concejales honrados en España. Esa es la verdad. Y si esa es la verdad, entonces son los miles de representantes honrados los que definen el listón ético de nuestra democracia, y no Bárcenas.
Ya está bien. Si Bárcenas ha acumulado tanto dinero, alguien se lo habrá dado; si Bárcenas se ha corrompido, alguien lo habrá corrompido. ¿No es hora de exigir transparencia al poder del dinero?. Si el poder que emana del pueblo tiene el deber de ser transparente, si debemos vigilarlo y controlarlo, ¿no deben ser más transparentes aún los poderes no democráticos? . Si los que representan al pueblo deben ser vigilados ¿quién vigila a los que representan al dinero? ¿No sería esa una forma de mejorar la calidad de la democracia?
Hay demasiado terreno por el que avanzar para que nosotros, los socialistas, retrocedamos un milímetro en la defensa del sistema democrático.
Cuando nos dicen que si debemos hacer un discurso más a la izquierda o más al centro, yo pienso que tenemos que hacer un discurso que se parezca a nosotros mismos, porque si no lo hacemos así nadie nos creerá, hagamos el discurso que hagamos. Y si nosotros somos el partido de la democracia de 1978, de la democracia que más libertad y prosperidad ha traído a España en toda su historia, no vamos a dejar que desmantelen la democracia como no vamos a dejar que desmantelen el Estado del Bienestar. Así que haremos un discurso en defensa de la democracia, de la única democracia real que ha tenido España en toda su historia.
Sé que hay compañeros que piensan que tenemos que hacer un discurso más suave y más amable, yo estoy de acuerdo: creo que en una realidad que cada día es más áspera y más cruel con muchas personas nosotros tenemos la obligación de alimentar su ánimo, de sostenerlos con los recursos que tengamos a nuestro alcance, y si no tenemos otra cosa, al menos sostenerlos con palabras amables. Sin embargo, también pienso que hay que hablar claro, con respeto, pero claro.
Y con respeto decirle claramente a quienes han pensado hacer su negocio con el sistema sanitario de la comunidad de Madrid, que la sociedad madrileña no quiere que lo hagan, y que si aún así persisten, también nosotros persistiremos, y que no pararemos hasta revertir la privatización de lo que es de todos, eso sí, con mucho respeto, y claro.
Tenemos que decir, con mucho respeto, que hay una desproporción brutalmente injusta entre la condena a dos años de prisión a una mujer por usar indebidamente una tarjeta de crédito para comprar comida para su familia, y la impunidad con la que se pasean los defraudadores fiscales, legalizados y blanqueados por el gobierno del PP.
Y claramente, y con mucho respeto, quiero decir aquí que no se acaba con la corrupción pactando con los corruptos.
Así somos nosotros y así debe ser nuestro discurso, un discurso respetuoso, pero claro.
Hoy muchas personas que pusieron su esperanza en el PP se muestran decepcionadas, no solo con el PP. Sé que hay quien no quiere verlo, pero lo cierto es que hoy los mismos ciudadanos que nos sacaron de las instituciones por nuestros errores, están cada día en la calle defendiendo nuestros aciertos y nuestros logros. Los mismos que nos dieron la espalda en los últimos procesos electorales, están luchando por salvar la sanidad pública, los servicios sociales o la educación que nosotros desarrollamos.
Los defienden como suyos, porque suyos son. Esa es sin duda una de las mayores muestras de generosidad de este partido con España.
 Durante años los éxitos de los socialistas han sido los éxitos de todos los españoles, y los errores de los socialistas han sido…Los errores de los socialistas.
 Por eso ahora, cuando toca estar en la calle defendiendo lo conseguido, debemos hacerlo con la cabeza bien alta porque defendemos lo que como socialistas diseñamos y como españoles conseguimos.
La derecha convirtió a Madrid hace años en su gran laboratorio de experimentos, pero es en los últimos meses cuando han cruzado todos los límites y han hecho del gobierno de la Comunidad de Madrid el ariete con el que demoler todo el estado del bienestar en España. Por eso hoy todos los españoles tienen la mirada puesta en lo que aquí pasa, por eso hoy los españoles, más que nunca, están atentos a lo que aquí hacemos los socialistas madrileños.
La voracidad de la derecha en Madrid, los ataques a la educación, la marea blanca, el desmantelamiento de Telemadrid, El Madrid Arena, el desgobierno en el Ayuntamiento de la capital, los escándalos de corrupción, lo áticos,… todo eso ha colocado el foco de atención mediática nacional en nuestra región y en buena medida también en nosotros. De ahí la obligación que todos tenemos de estar a la altura de las circunstancias.
Si el PP madrileño es el ariete de la derecha contra todos los españoles, los socialistas madrileños seremos el muro de contención que intente proteger a todos los españoles. No hemos elegido este papel, pero es nuestra obligación asumirlo y sabemos que contamos para ello con todo los socialistas de España, que se han sumado a la iniciativa de los socialistas madrileños de llevar ante el Constitucional el euro por receta y que han expresado su apoyo a los trabajadores de Telemadrid y a los profesionales de la Marea Blanca.
Era importante, igual que lo es hoy que toda esa inmensa Marea Blanca sintiera el cariño, el apoyo y el reconocimiento de todos los socialistas.
He comenzado mi intervención recordando que son tiempos difíciles, pero desde aquí quiero invitaros a que entre todos, poco a poco, seamos capaces de convertirlos en tiempos de esperanza. No es fácil, lo sé, pero es necesario.
Hay que dar la batalla en la calle y en las instituciones frente a unas políticas injustas, pero también hay que dar esperanzas, hay que explicarle a la gente todo lo que con su apoyo queremos hacer. Tras casi 20 años de gobiernos de derechas en Madrid, los ciudadanos están dispuestos a dar una oportunidad a quienes se la merezcan, y nosotros tenemos la obligación de aprovecharla y no solo porque sea bueno para los socialistas, sino porque es bueno para los madrileños y para los españoles.
Hace apenas unos meses, en el último Comité Regional, ninguno podíamos imaginar que hoy celebraríamos éste con Ignacio González como presidente y sin embargo así ha sido. La crisis está acelerando los tiempos en política y los acontecimientos se suceden a toda velocidad, por eso todos nuestros esfuerzos han de centrarse en estar preparados para afrontar cualquier circunstancia, cualquiera, incluida una convocatoria de elecciones anticipadas.
La deriva que están cogiendo los acontecimientos en Madrid, debe hacernos no descartar que el PP en Madrid acabe sumido en tal crisis institucional que la única salida posible sea precisamente la convocatoria de unas elecciones anticipadas.
El PP es consciente de que se encuentra en la recta final de sus mayorías absolutas en Madrid y por eso ha decidido pisar el acelerador de las privatizaciones. Los últimos presupuestos que han aprobado han supuesto colocar un enorme cartel de “Se vende” sobre toda la Comunidad. Hospitales, centros de salud, Telemadrid, Metro, Canal de Isabel II, todo el patrimonio de los madrileños está hoy en venta preparado para ser vendido al mejor postor, cuando no al mejor amigo del alma. Saben que el tiempo se les acaba y están dispuestos a arrasar con todo en el poco tiempo que les queda.
Hay quien está escandalizado por los cien primeros días de gobierno del heredero de la Sra. Aguirre, pero cada vez son más los que se dan cuenta que las políticas que se han llevado a cabo en estos últimos cien días no son más que las mismas políticas que llevan poniendo en marcha en los últimos 20 años, sólo que llevadas a la enésima potencia por las prisas.
Frente a esta política de tierra quemada que el PP está llevando a cabo en Madrid, nosotros tenemos que explicar nuestro plan de reforestación. Frente a la destrucción de todo lo público, un plan de reconstrucción. No será fácil, lo sabemos y los madrileños también lo saben, pero nosotros sabemos que es posible y debemos hacer que la gente también lo sepa.
Compañeras y compañeros,
Todos sabemos muy bien que el crédito se gana con dificultad y se pierde con facilidad. La derecha, que prometió devolver el crédito a nuestro país, no sólo no lo ha devuelto sino que ha perdido el suyo, el que le dieron de manera generosa los ciudadanos en 2011. Y con su descrédito han echado a perder en el corazón de mucha gente el crédito de la política, del sistema representativo, de la democracia realmente existente, de la democracia que ha dado tres largas décadas de prosperidad y libertad a la sociedad española.
Nadie dijo nunca que esto fuera a ser fácil, pero es posible, y si es posible entonces estamos obligados. La sociedad ha reaccionado de manera vigorosa en defensa del Estado del Bienestar, en defensa de la sanidad y de la educación públicas. Y tengo que decir que cuando la sociedad reaccionó, nosotros, los socialistas madrileños, ya estábamos allí. Estoy convencido de que si nosotros también estamos donde debemos estar en la defensa de la democracia, ahora, en este tiempo difícil, la sociedad sabrá reconocernos y devolvernos su confianza.

jueves, 27 de diciembre de 2012

RECUPERAR: LA INICIATIVA POLÍTICA, NUESTRA IDENTIDAD Y A LOS CIUDADANOS


RECUPERAR: LA INICIATIVA POLÍTICA, NUESTRA IDENTIDAD Y A LOS CIUDADANOS 
En los últimos tres años, el agravamiento de la crisis económica como fracaso del modelo de crecimiento basado principalmente en la construcción y el crédito fácil, entre otros factores, ha llevado a nuestro país a una práctica situación de quiebra. Esta situación se va agravar en cualquier caso con nuevos recortes, y mucho más si España solicita a la UE “el rescate de nuestra economía”.
Las salidas propuestas vienen siendo en la misma dirección, con el pretexto del déficit y de la deuda soberana: adelgazar o reducir el Estado de Bienestar (no sólo en recursos, sino en derechos): atacar y debilitar a los sindicatos y arrasando la democracia. El lema “Quieren acabar con todo”, adjudicado al Gobierno del PP desde UGT y CCOO, asumido por los Movimientos Sociales y la mayoría de la ciudadanos se está haciendo una triste realidad hasta convertirse en “Están empobreciendo al país”.
Así, se vienen sucediendo medidas lesivas para los trabajadores y para la mayoría de los ciudadanos a través de “reformas” neoliberales impuestas desde la UE, principalmente orientadas al mercado de trabajo: primero con el Gobierno Socialista (mayo 2010) y, a partir de enero de 2012, con el Gobierno del PP, además del ataque directo al Estado de Bienestar (educación, sanidad, dependencia…), está rompiendo el consenso o pacto que desde la transición se adoptó en la Constitución de 1978.
Con estas medidas, la recuperación económica no llega. Al contrario, con las “reformas” adoptadas y las que nos esperan, se anuncia más recesión con más desempleo, más pobreza y exclusión social, al menos durante otros 2/3 años… o más. La denuncia y contestación ante este grave deterioro económico, social y político, viene siendo constante y generalizado durante este período tanto por los Sindicatos mayoritarios UGT y CCOO, como de otros colectivos sociales, ciudadanos… Incluidas esporádicas apariciones del movimiento 15‐M, ahora de forma más unitaria en el conjunto de las movilizaciones como ocurrió en la Huelga General del 14‐N y las masivas manifestaciones realizadas en toda España.
La gravedad de la situación no viene solo de la falta de salidas a la crisis (donde el papel de la UE debería, partir una apuesta por la reactivación económica, ser especialmente determinante en la compra de deuda pública y la creación de eurobonos, ….) sino del deterioro político de las instituciones democráticas que alcanza a un divorcio cada vez más creciente entre ciudadanía y los representantes políticos, con riesgo de fractura social (modelo de convivencia y confianza en las instituciones democráticas) Constitucional) y de polarización o radicalización en los extremos de la vida política ante la ausencia de respuestas y salidas justas a esta profunda crisis.
Los socialistas, como (y con) todos los ciudadanos, tenemos el deber de reflexionar y analizar la situación y actuar, buscando las causas y aportando, honesta y comprometidamente, soluciones y alternativas para superarla. 
De manera que es imprescindible y urgente que el PSOE tome la iniciativa política. En este sentido la Corriente IS‐PSOE de Madrid, queremos aportar algunas reflexiones y propuestas necesarias en el difícil y complicado momento actual para que, a través de la Permanente Federal de (IS ‐PSOE ) , se haga llegar a la CEF del PSOE con ocasión de el próximo C.F. del 12 de Enero, los siguientes puntos:
      1. Realizar un análisis crítico de la situación económica derivada de las políticas de austeridad, que han aumentado dramáticamente las desigualdades y la marginalidad, poniendo el acento en la reactivación económica desde la UE y desde España, teniendo en cuenta los planteamientos de la CES y de los sindicatos UGT y CCOO y apoyándolos a través de las instituciones y de los movilizaciones sociales.
Ante las continuas “contrarreformas” del Gobierno del PP orientadas a “desmontar” el Estado de Bienestar: Educación, Sanidad, Pensiones Vivienda (desahucios…), además de la Reforma Laboral, del Sistema Judicial…, contraviniendo los compromisos electorales con los que el PP ganó su mayoría absoluta, solicitar la realización de un Referéndum para que la ciudadanía pueda pronunciarse democráticamente, de nuevo, restituyendo así la confianza en la vía política y democrática de resolver los problemas y el modelo social de convivencia.
       2. Revalorizar el papel orgánico del PSOE, utilizando prioritariamente para ello, nuestros órganos de decisión: Comité Federal y Congresos. Actualizando y fortaleciendo el análisis y alternativas que en estos momentos debemos adoptar con la finalidad de restituir la legitimidad y la confianza política que la situación necesita y los ciudadanos demandan.
       3. Explicitar con firmeza, adelantando todo lo que sea posible en este momento, nuestro modelo Federal.
       4. Realizar y Aprobar en el Comité Federal del 12 de Enero del 2012 una “Agenda Política de Urgencia” sobre la estrategia a seguir para los puntos 1,2 y 3”.
       5. 1er semestre del 2013. Conferencia Política y Económica (Modelo Territorial, Economía y Fiscalidad ) Sobre alternativas económicas en España y UE ante la situación económica, poniendo el acento en la creación de empleo y en la reactivación económica. Defensa del Estado de Bienestar a través de la propuesta de una clara reforma fiscal: tratamiento similar de las rentas del capital que las que se dan a las renta del trabajo, reformas del modelo empresarial y productivo.
2º semestre de 2013. Conferencia Organización. Modelo de Partido: democracia interna, regulación de las primarias abierta. Así como una propuesta de reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General. (De acuerdo con la Resolución del Congreso)


Antes del 31 de enero 2014. Realización de Primarias abiertas, para sortear un posible adelanto electoral que haga coincidir las Elecciones Generales con las Europeas. Nuevos criterios democráticos para la realización de las Listas electorales del PSOE; Actualización del Programa Socialista para las próximas citas electorales. Debemos de tener en cuenta que la fecha las elecciones generales ni está fijado ni depende de nuestra decisión y por tanto es necesario estar preparados en cuanto los programas y el modelo de primarias y elección de candidatos.
Nadie debe poner en discusión que la prioridad es poner en píe un proyecto alternativo, de fuerte contenido ideológico y con propuestas novedosas y atrevidas, capaz de parar la ofensiva de la derecha e impulsar a los ciudadano, pero esas propuestas en muchos casos, serán contrarias a las decisiones tomadas por los socialistas en la anterior periodo legislativo. Por tanto es discutible que su y tutela deba ser liderada y realizada por las mismas personas.
No se trata de contraponer la sustitución de las personas por las ideas. Hoy son prioritarias las ideas y la decisión de llevarlas a cabo, pero las personas idóneas son muy importantes y cada tiempo tiene sus nombres.
Creemos que muchos de los militantes, después de los reiterados y severos reveses electorales, tienen la impresión de que la actual Comisión Ejecutiva Federal está invalidada para llevar adelante con éxito la difícil situación actual. Y esa impresión, está generalizada entre todos los ciudadanos.
En el 1er trimestre de 2014 Convocatoria de un Congreso Federal Extraordinario.
Izquierda Socialista de Madrid (PSOE)
Madrid, 21 diciembre de 2012.

Libertad para Alfon


COMUNICADO IZQUIERDA SOCIALISTA: LIBERTAD PARA ALFON

Alfon, madrileño (vallecano) de 21 años, fue detenido como consecuencia de su participación en la Huelga General del 14-N. Otras personas también lo fueron, en España y en otros países. Pero ninguna está en la cárcel. Él sí. Al parecer, la “alarma social” (según la policía) ha sido causa determinante. Se le mantiene en la prisión de Soto del Real a la espera de juicio en situación de régimen FIES (máximo control del preso y aislamiento).

Es insostenible esta actitud represiva respecto a las protestas que tiene, además, una indignante continuación en el indulto concedido a cuatro mossos de escuadra, condenados por torturas.

Izquierda Socialista considera inaceptable esta actitud.
Izquierda Socialista hace suya la causa de la libertad de Alfon, y defenderá dentro de la estructuras del PSOE que el partido también lo haga.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Un futuro para el PSOE

Escrito por Mario Salvatierra * y publicado en Diario Progresista el 15/12/2012

Esperé. Esperé y esperé: creía que la dirección federal del PSOE, después de que perdiéramos siete escaños en Galicia con relación al año 2009, nueve en Euskadi y tras el varapalo proporcionado en Cataluña (ocho escaños menos respecto a los resultados de 2010), daría alguna señal de haber recibido el mensaje de las urnas.

 El PSOE está en la UVI y, sin embargo, el paciente no quiere hacerse cargo de ello. Es más, imagina que cualquier día saldrá del estado comatoso solamente por el hecho de guardar tiempo. No es consciente de que este no es un achaque cualquiera: cree que le están jugando una mala pasada los bronquios cuando lo que en realidad padece es una neumonía de caballo.
Mientras el PP avanza imparablemente hacia el estrujamiento de los mimbres del Estado del bienestar, cuestiona el consenso básico de la estructura territorial del Estado, se lanza hacia una recentralización de la administración pública e impulsa un proceso de renacionalización cultural e institucional contra todo aquello que diverge de su idea de "unidad" de España, la dirección federal del PSOE es incapaz de quitarse de encima el lastre de la "herencia". No se puede afirmar que no hacen oposición; la hacen, pero no son creíbles.
La enfermedad del PSOE es que no tiene credibilidad: su pasado se está cargando al futuro. Y para que el pasado no devore al presente ni al porvenir, es imprescindible, primero, hacer una crítica sin tapujos de lo que hicimos y nunca debíamos haber hecho, de lo que no hicimos y tendríamos que haber hecho sin titubeos, y de lo que dejamos "pasar" como si las cosas no nos fueran a dañar. Y no me refiero únicamente al pasado inmediato sino también al remoto. En este punto, ya no vale apelar a una suerte de lógica teológica muy al uso en los aparatos: si criticas, te llaman desleal y si, por responsabilidad orgánica, callas, en el mejor de los casos, te llaman cómplice y, en el peor, imbécil. Es decir, con el aparato jamás te libras de la culpa. Así pues, la condición inexcusable para que se produzca una crítica constructiva es que el PSOE sea realmente un partido abierto, plural y que el disenso interno no sea castigado con la exclusión institucional. De lo contrario, no hemos ingresado en un partido, sino a un cuartel o congregación religiosa. Ni feligreses ni reclutas, queremos continuar siendo ciudadanos de puertas adentro.
Segundo: es prácticamente inviable que quienes han estado personalmente implicados con la gestión anterior, puedan estar destinados a encabezar el nuevo proyecto. Al parecer, no lo entendieron así hace apenas un año atrás, pero al día de la fecha es más que evidente que el consuelo de salvar al paciente sacudiéndolo con los años de gloria, en vez de animarlo lo han dejado para el arrastre. Conmutar el tiempo pretérito con la fatiga actual, además de escamotear un diagnóstico preciso de la mundana realidad, no dura más que una jornada fallera. Ya no vale la teoría del péndulo: ahora está en el lado derecho pero pronto oscilará hacia el izquierdo. Ya no sirve la siguiente estrategia: "ganar tiempo" para substraer el pasado, "enfriar" el debate solazándolo con la responsabilidad política y "congelar" las primarias para disuadir el cambio necesario.
Tercero: el PSOE requiere, para salir de la UVI, un proyecto global. A estas alturas no sólo corre el riesgo de terminar como el Pasok griego, sino que puede descarrilar al modo de la izquierda italiana. La descomposición de nuestro germinal Estado de bienestar es palpable, la fractura de las clases medias bien visible, la exclusión social en ascenso y la vulnerabilidad ciudadana manifiesta. Un monstruo económico acampa en Europa: el neoliberalismo; un Leviatán tecnocrático aniquila las instituciones comunitarias y el Reino del euro ahoga la dignidad humana. España no puede ni debe esperar que Europa la salve porque lo que hay que hacer el salvar a Europa del precipicio social al que nos lleva. En consecuencia, resolver la crisis no pasa por darwinismo social, ni por muscular el orden policial y dejar a millones de personas sin salida. La alternativa no es o estabilidad o hundimiento. Hay que domar al capitalismo financiero y, a su vez, hay que detener que los intereses nacionales egoístas abotarguen los orgullos patrióticos a costa de las desgracias foráneas.
Sólo así saldrá el enfermo de la UVI. Con un mundo nuevo por delante, un horizonte al que conquistar y una ilusión que contagie esta aventura: otra España es posible, otra Europa es viable, otra política es factible.


*Mario Salvatierra es diputado de la Asamblea de Madrid

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Treinta años después

Artículo escrito por  Antonio García Santesmases * Publicado en "EL Mundo" el 12/12/2012

TRIBUNA: PENSAMIENTO POLÍTICO
El autor compara la confianza en el futuro que había en los 80 con el miedo actual. Denuncia el sometimiento de Europa a una Alemania ajena a la angustia de la gente


Todos los medios de comunicación se han hecho eco del acto organizado por el Partido Socialista para conmemorar la llegada del PSOE al Gobierno en diciembre de 1982. El formato del acto tuvo especial interés: se trataba de un diálogo entre el presidente del Gobierno de entonces (Felipe González) y el actual secretario general (Alfredo Pérez Rubalcaba) moderados por María González Veracruz (perteneciente a la actual comisión ejecutiva del PSOE, siendo la más joven de sus componentes).

El optar por esta metodología permite la visualización en el escenario de tres generaciones: la generación que protagonizó aquel acceso al Gobierno; la generación que entonces comenzaba su vida política institucional y la generación que hoy inicia su andadura.

Para la generación entonces triunfante el acto tenía algo de resarcimiento, de reconocimiento, de poner las cosas en su sitio. Era un gran día en el que se podía rememorar la época en que teníamos grandes victorias, en el que éramos un equipo triunfador, en el que sabíamos lo que queríamos y la realidad nos era propicia.

La imagen de Felipe González recordando todos sus logros, dando cuenta de todas sus hazañas, insistiendo en que cuando se quiere, se puede, contrastaba vivamente con las intervenciones de los otros dos actores de la representación. La representante más joven recordaba los grandes logros de aquella época que para ella se simbolizaban en los institutos de enseñanza, en los programas Erasmus, en la sanidad y mostraba su agradecimiento y admiración a aquella generación que había alcanzado cimas tan altas, imposibles de imaginar en estos tiempos de penuria.

El mayor interés estuvo en la generación intermedia. Era una generación que había comenzado el trabajo político-institucional en aquellos años, que se sentía identificada con sus mayores, que le gustaría emular al Madrid de las cinco copas de Europa, pero que sabía que en su haber estaba el peor resultado electoral en democracia. ¿Era todo fruto de una incapacidad para el liderazgo?; ¿se trataba de un problema de voluntad?; ¿cuáles eran las diferencias entre aquellos años y estos años?

El representante de la generación intermedia intentaba -cuando podía hablar- poner encima de la mesa las diferencias entre uno y otro momento, pero no era sencillo: el líder de la generación triunfante volvía a recordar los grandes logros, a rememorar las grandes hazañas, cuando él y solo él creía que era posible alcanzar la mayoría. Más allá de la apoteosis de la voluntad propia hubo, a pesar de todo, algunos instantes en que se pudo reflexionar sobre tres cuestiones que marcan la diferencia entre uno y otro momento: se recordó que, en aquellos años 80, la mayoría de la población tenía esperanzas de ir hacia delante, de mejorar, y creía que el futuro (1) sería mejor que el pasado. Esas esperanzas de progreso y de movilidad social, de redistribución de la riqueza y de apertura de las oportunidades, se asociaban a la inserción en el club de los países ricos y poderosos, en esa Europa (2) que iba a significar la solución a nuestros problemas. La consolidación de la democracia y la subordinación del poder militar al poder civil, el final del terrorismo y la desactivación del golpismo, estaban unidas a un proyecto de reforma y modernización en el que podrían superarse los antagonismos de clase hasta el punto de que la inmensa mayoría se pudiera sentir (3) clase media.

Ninguna de las tres cosas existe hoy. Hay miedo al futuro; de Europa hace tiempo que solo vienen malas noticias y las clases medias están desapareciendo en un contexto donde sólo muy pocos se salvan de la crisis (el famoso 1% que acapara las riquezas del 99% restante). En estas circunstancias: ¿qué se puede hacer?

Lo más importante de toda la jornada no fue ni la reprimenda del antiguo líder ni las llamadas a la voluntad; todo ello ha servido para llenar titulares de prensa, pero lo esencial estaba en que, por primera vez, se discutía con claridad acerca del actual proyecto europeo. Ya no son únicamente los sindicalistas o los economistas disidentes; no se trata sólo de los foros sociales o de los que dijeron desde el principio que por este camino Europa se encaminaba al desastre; ahora son ya los políticos más moderados del centroizquierda (Prodi, González, Soares, o Delors) los que denuncian que estamos construyendo una Europa bajo dominación alemana y que, si seguimos por este camino, cavaremos nuestra propia tumba.

El hecho es nuevo porque en los años 80 en España discutimos de la política de bloques militares, de la carrera de armamentos y del peligro de un choque entre las dos superpotencias. Hoy ya no existe la Unión Soviética, ni el Pacto de Varsovia, ni es posible una guerra nuclear. Hoy tenemos otros problemas; estamos sometidos en Europa a la hegemonía de una potencia económica que hace caso omiso de los sufrimientos de una parte muy importante de la población europea; estamos sometidos a una potencia que mira únicamente por sus propios intereses y cuya líder puede volver a triunfar en las elecciones del mes de septiembre de 2013.

Si queremos evitar los males de esta política de austeridad tenemos que dar una respuesta; tenemos que articular un contrapoder sindical europeo con el que los Estados tengan que negociar; ese contrapoder (por el que clamaban los trabajadores en la huelga general del pasado 14 de noviembre) tiene que ir unido a la voluntad de los países europeos de plantar cara a Alemania, de recordar que por el actual camino vamos al desastre.                                                                                                                                                                                               
Y eso fue para mí lo más interesante del acto del aniversario. Todo ha cambiado y los españoles -con la excepción de una parte de Izquierda Unida que insistió en estos peligros como la voz que clama en el desierto- no fuimos capaces de prever el monstruo que estábamos creando. Hoy ese monstruo ha crecido y las respuestas siguen siendo muy tibias. Por ello, cuando se dice que la izquierda no tiene proyecto hay que responder que no es verdad, que sí lo tiene, que se trata, por complicado y difícil que sea, de plantar cara a la actual deriva europea.          


Antonio García Santesmases es catedrático de Filosofía Política de la UNED.


sábado, 17 de noviembre de 2012

El resto no fue silencio (II)

Escrito por Antonio García Santesmases* en recuerdo de Luis Gómez Llorente. 
Publicado en Cuartopoder el 5 de noviembre de 2012

   Cuatro son, a mi juicio, las grandes aportaciones de Luis Gómez Llorente, que se pueden resumir en cuatro interrogantes: ¿qué queda hoy del pablismo?; ¿cómo debemos recuperar la memoria republicana?; ¿cuál es el lugar de la escuela pública?; ¿cuáles son los retos más importantes del laicismo? 

A cualquiera de estas cuestiones dedicó páginas y páginas pero, por mor de la brevedad, y abusando de la hospitalidad de los amigos de cuartopoder, intentaré resumir, al máximo, su aportación. Al estudiar la aportación de Pablo Iglesias, Gómez Llorente dedica muchas páginas a analizar la razón por la cual el fundador del PSOE y de la UGT consideraba imprescindible poner en marcha una organización política y una organización sindical distintas al anarquismo y al republicanismo. Anarquistas, socialistas y republicanos eran reacios al régimen de la restauración pero mientras los anarquistas eran contrarios a cualquier participación en la vida política institucional y los republicanos querían centrar la batalla en la forma de Estado y en la cuestión religiosa, los socialistas trataban de aunar su compromiso con la defensa de los trabajadores, y la puesta en marcha por tanto de un sindicato (lo que les acercaba a los anarquistas) con la necesidad de que esa tarea sindical no agotara la estrategia de los trabajadores organizados. Era imprescindible que esa tarea de vertebrar al movimiento obrero contara con una voz en el parlamento. Con una voz libre, independiente, distinta a la de los partidos del sistema y distinta a los partidos republicanos, por cuanto estos se dirigían a toda la nación. A una nación distinta evidentemente a la que conformaba el régimen de la restauración. Los socialistas debían intervenir en política, pero como correspondía a un partido de clase, para defender los intereses de los trabajadores organizados, utilizando el Parlamento como una caja de resonancia de sus posiciones, como un altavoz que les permitía hacer propaganda de sus ideas.

Son muchas las páginas dedicadas por Gómez Llorente a analizar los avatares del primer
socialismo. Avatares y contradicciones que se agudizan en los años treinta. Pablo Iglesias ha muerto en 1925 y pocos años después los socialistas forman parte de los primeros gobiernos de la República y en ese momento se vuelve a plantear con toda intensidad el drama que había presidido la vida de Iglesias: ¿cómo ser capaces de defender los intereses de los trabajadores y a la vez auspiciar las reformas liberales, democráticas, modernizadoras que la sociedad española necesitaba? Al formar parte de los gobiernos del primer bienio, gobierno conformado por socialistas y republicanos, Largo Caballero intenta articular reformas favorables a los trabajadores pero es consciente de la inquina de los anarquistas que critican la colaboración de los socialistas con los partidos burgueses. Largo Caballero y Prieto tendrán después enormes diferencias pero en aquellos primeros momentos coincidían en la necesidad de aunar las reformas republicanas con los derechos sociales. La burguesía republicana era muy débil y no podía sobrevivir electoralmente sin el apoyo de los socialistas pero éstos sufrían una feroz campaña de descrédito por parte de los anarquistas, abominando de su colaboración y de la propia república.

Frente a una visión edulcorada de aquellos años treinta, frente a una visión de la memoria
histórica como una esquemática contraposición entre la derecha y la izquierda, Gómez Llorente fue investigando todos los textos, todos los discursos, todas las intervenciones de los distintos socialistas, centrándose especialmente de Largo Caballero, para profundizar en la complejidad de un personaje estigmatizado por muchos historiadores. La investigación que realizó fue exhaustiva para captar al personaje en toda su complejidad: para estudiar todo lo ocurrido en aquellos años del 33 al 37 pero conectándolo con el Caballero contrario a la escisión comunista del año 21, y recordando sus intervenciones en plena Guerra Civil y sus escritos en el exilio, a la vuelta del campo de concentración.

Todo el estudio de los clásicos del socialismo, no le hizo olvidar nunca que lo importante era afrontar el problema del futuro del movimiento obrero. Tras la segunda guerra mundial, tras la experiencia atroz del fascismo y del nazismo, los socialistas valoraron muy positivamente la necesidad de preservar las libertades públicas, de afianzar los derechos humanos y de dotar de sentido a las instituciones de la democracia representativa. Todo esto lo hicieron en un momento en el que se pudo llegar a un acuerdo con las fuerzas liberales y democristianas para dar sentido al Estado del bienestar de posguerra. Un Estado en el que juega un papel esencial la escuela. La escuela pública como mecanismo que permite compensar las desigualdades sociales, que permite abrir las oportunidades de vida a los sectores explotados, que posibilita formar ciudadanos que interioricen los valores laicos y republicanos.

Es en el modelo del Estado social y de la democracia republicana donde Gómez Llorente encuentra la posibilidad de dar una continuidad a los mejores afanes del movimiento obrero. Una continuidad que no es, sin embargo, ciega a los efectos devastadores del impacto del neoliberalismo y de una globalización sin cortapisas. Con motivo de su muerte algunos amigos comunes, han recordado el gran mérito de un hombre que vivió hasta el final de acuerdo con sus convicciones pero advirtiendo, que su muerte le evitará asistir al desmoronamiento de los sindicatos.

Es una advertencia importante. Una advertencia a tener muy en cuenta porque muchas de las reflexiones de Gómez Llorente pueden quedar sumergidas en una nebulosa si pensamos que el creía en un movimiento obrero sin fisuras, al que no había impactado los avatares del siglo veinte y el capitalismo globalizador del siglo veintiuno. Nada más lejos de la realidad. En su esfuerzo por rescatar la memoria de los clásicos, Gómez Llorente no se quedaba en la pura repetición mimética, ni sucumbía a la mera lectura filológica. Trataba de rescatar un legado. Y ese rescate sólo era posible si los sindicatos dedicaban tiempo y esfuerzo a recuperar su memoria y actualizar su proyecto. Si no recuperaban su historia, si no eran capaces de poner encima de la mesa su interpretación de lo ocurrido, no tendrían futuro.

Gómez Llorente era muy consciente del esfuerzo ideológico que realizaban las organizaciones confesionales y las fundaciones liberales por actualizar su interpretación de la historia de España, y su lectura de la relación entre Estado, mercado y sociedad civil.

Por ello llamaba una y otra vez a las organizaciones sindicales a actualizar su proyecto, a
recuperar su memoria. Una de las aportaciones más importantes en este sentido está en su obra Apuntes sobre el movimiento obrero. En esta obra va dando cuenta del origen del movimiento obrero y mostrando la necesidad de un sindicalismo que sea capaz de articular las reivindicaciones de los trabajadores, de negociar los convenios, de gestionar servicios imprescindibles para que los trabajadores alcance su estatus como ciudadanos, pero que sean capaces también de idear una sociedad alternativa a la sociedad existente.

Todo ello conecta con el tema del laicismo. Para Gómez Llorente, igual que el sindicato sufre hoy los embates del neoliberalismo, el laicismo sufre los embates de un nuevo confesionalismo que trata de asociar a los defensores de un pensamiento laico, con los peores horrores del siglo veinte, con el totalitarismo y el nazismo. Un hombre como él – sensible como pocos a mantener la fidelidad a las propias convicciones– era muy consciente del ataque del mundo neoconservador al pensamiento laico y su esfuerzo por reducir el laicismo a un hedonismo relativista sin ninguna sustancia ética. Para Gómez Llorente era imprescindible la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento, la libertad de religión, la separación entre la Iglesia y el Estado, pero esa libertad, que fue la gran conquista del primer liberalismo, quedará en nada si no somos conscientes de la
necesidad de comprender que el ser humano debe ser libre frente al poder de las Iglesias y al poder absoluto de los Estados, pero también frente al poder despótico de los patronos.

Todo esto está muy alejado del relativismo hedonista y le llevó a ser uno de los promotores de esa materia escolar tan combatida por neoliberales y neoconfesionales, como es la Educación para la Ciudadanía. Por ello, para terminar diré que los que consideran que no estaba al día y que vivía en otro mundo, deberían leer dos de sus últimos trabajos: los que se refieren a la sentencia de los tribunales sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía y el referido al entorno educativo y doctrinal del ministro Wert. En ambas sobresale el gran defensor de la escuela pública y de lo mejor del pensamiento laico.

Hay ocasiones en las que la retirada de la política conduce al resentimiento, a lamerse en las propias heridas; en otras provoca una melancolía que impide la palabra, como si el político se quedara sin función, sin tarea, sin papel. Gómez Llorente logró lo más difícil: evitar el resentimiento y superar la melancolía, y consiguió que su retirada de la política institucional le llevara a recuperar una libertad plena de palabra y de escritura. Logro así, que estos treinta últimos años fueran enormemente fecundos, mostrando en los hechos que el resto de su vida no fue silencio.


(*) Antonio García Santesmases es catedrático de Filosofía Política de la UNED.